jueves, 28 de mayo de 2026

El cuerpo desde Freud y Lacan

 “Lalengua y el cuerpo desde el psicoanálisis lacaniano” 

Por: Lic. Ariel Juan Bianconi






Índice:

1.     Introducción

2.     Desarrollo

2.1.  Antecedentes en Freud: ¿Cómo piensa Freud el cuerpo?

2.2.  Desarrollo desde Lacan: ¿Cómo piensa Lacan el cuerpo?

2.2.1.  Seminario 10 en Lacan

2.2.2.  ¿Qué es el objeto a y qué incidencia tiene en la clínica?

2.2.3.  Lo real de lalengua y lo simbólico del significante

3.     A modo de síntesis y reflexión final

4.     Bibliografía

 


1.     Introducción

Este escrito se propone pensar de forma transversal el modo en que las conceptualizaciones sobre el cuerpo desde la perspectiva psicoanalítica brindan la posibilidad de una clínica diferente a la de la psicoeducación que suele responder a una patologización de los fenómenos corporales.

El malestar humano surge por la pérdida de la naturaleza que implica haber sido tomado por el lenguaje; por eso, el ingreso en la cultura tiene una doble condición: por un lado, es por la cultura como se procura calmar el malestar, pero a la vez es lo que impide lograr una felicidad plena o un goce total (perdido). El psicoanálisis no cura el malestar en la cultura, el malestar es intrínseco al humano, por eso expresiones cotidianas tales como “no hay existencia humana sin malestar” o “el dolor de existir” son compatibles con la orientación psicoanalítica y no son patologizables. El humano no solo sufre por su condición intrínseca, sino que además se procura sufrimiento extra, expresado en los síntomas en el más amplio sentido de la palabra. Ya antes de 1900 el trabajo de investigación de Freud se inició con la preocupación sobre cómo aliviar y curar los síntomas histéricos y de la neurosis obsesiva, que junto con la fobia son las manifestaciones de la neurosis. Llama neurosis al conjunto de malestar sintomático que responde a una determinada manera de hacer con el malestar en la cultura o el dolor de existir. La particularidad que tiene la neurosis es que intenta solucionar el malestar en la cultura haciéndose un malestar propio, o sea, constituyendo un plus de sufrimiento. Entonces, el trabajo


de la cura en el psicoanálisis apuntará a menguar el plus de malestar que los sujetos se procuran para vivir en su tiempo.

En ese sentido, el psicoanálisis rechaza plantear los síntomas como un déficit y esto lo diferencia de otras maneras de abordar la clínica en el campo de la salud mental. El psicoanálisis piensa un sujeto ahí donde otras teorías plantean un déficit o trastornos, y mantiene una posición ética ante el dolor y sufrimiento. Mantener una posición ética significa que no victimiza a nadie, sino que le otorga dignidad al sujeto al reconocer la construcción propia que porta, sin exigir o comparar con algún supuesto ideal de normalidad a alcanzar. Esto tiene impacto en el modo de entender la salud para el psicoanálisis: por un lado, no puede entenderse como ausencia de malestar ya que eso es algo imposible para el humano; por otro, la salud a través del cura psicoanalítica apuntará a trabajar con la posición de sujeto en un acto de palabra, es decir, a abordar ese plus de malestar sintomático con el que se puede hacer y “hay que saber hacer” para elaborar una manera de existir propia que sea menos sufriente permitiéndole al sujeto una posición menos pasiva y masoquista.

Durante el seminario se abordó principalmente el enfoque del psicoanálisis para entender el fenómeno del autismo y las psicosis infantiles. El psicoanálisis piensa de un modo singular la forma de hacer con el trauma de lalengua propio de cada niña/o. Sin embargo, dado que mi campo de trabajo clínico no se especializa en esto, priorizaré la pregunta inversa: ¿Qué aportan las conceptualizaciones sobre el autismo y la psicosis infantil a la clínica de la neurosis en psicoanálisis (y demás formulaciones clínicas)? En ese sentido, se apuntará a mostrar que las conceptualizaciones sobre el autismo y la psicosis infantil le aportan a la clínica psicoanalítica una manera de pensar el cuerpo que permite trabajar con la dimensión de lo real del goce intrusivo de lalengua. Los siguientes apartados desarrollarán en mayor profundidad esta hipótesis lacaniana que estructuró el curso.

2.  Desarrollo

2.1.  Antecedentes en Freud: ¿Cómo piensa Freud el cuerpo?

El psicoanálisis ha nacido precisamente en la cultura a partir de plantear una nueva conceptualización del cuerpo. Freud pensó el cuerpo principalmente en relación con la histeria: es un cuerpo construido por representaciones unidas a afectos, un cuerpo que se diferencia del discurso de la biología y de la medicina.

La noción moderna de representación se apoyó en la posibilidad de objetivar el cuerpo a través del cálculo y de la medición y esto introdujo una noción de cuerpo representado que, a diferencia del periodo filosófico anterior, asumió que no hay un acceso directo al cuerpo “en sí” o a la Cosa. Freud tomó el concepto de la filosofía para realizar una ruptura conceptual con el cuerpo de la naturaleza y la posición epistemológica del realismo ingenuo que suponía la posibilidad de un vínculo directo. La novedad freudiana fue que estas representaciones, a diferencia de las objetivaciones de la filosofía, estaban cargadas de afectos (sentimientos, emociones y pasiones).

El cuerpo de la histeria, al igual que cualquier otro cuerpo de la neurosis, anuda representaciones y afectos. Lo particular de la histeria es que se produce una separación entre representaciones y afectos: por acción de un mecanismo psíquico de defensa, que Freud llamó represión, las representaciones son reprimidas y el afecto se muda a una parte del cuerpo produciendo los síntomas conversivos; parálisis, cegueras, sorderas, temblores, olores, mutismo, tartamudez, etc. Esto mostró a Freud que las conversiones en la histeria no tenían que ver con los síntomas tal


como los pensaba la biología o la medicina de la época, por ejemplo, en brazos o piernas, sino que los síntomas involucraban cómo los sujetos se representaban “ese brazo” o “esa pierna”, teniendo en cuenta además que la mayoría de los pacientes no tenían formación en medicina, entonces las parálisis alcanzaban el cuerpo de las significaciones del sentido cotidiano: “Toma los órganos en el sentido vulgar, popular del nombre que llevan. La pierna es la pierna hasta la inserción de la cadera; el brazo es la extremidad superior tal como se dibuja bajo los vestidos” (Freud, 2011, p. 205).

Por otra parte, el escrito “Tres ensayos para una teoría sexual” constituye otro momento importante en la conceptualización del cuerpo por parte de Freud. Allí introdujo un concepto nuevo que es el de Pulsión (Trieb) por el cual el cuerpo quedaba fragmentado en zonas erógenas oral, anal, mirada y crueldad. Freud ubicó a la pulsión como un concepto límite entre lo psíquico y lo somático, pero lo más novedoso fue que lo presentó en tanto cuerpo fragmentado. En “Pulsiones y su destino” (1915) Freud planteó que las pulsiones son acéfalas, o sea, que no están ordenadas en una unidad lo que implica que cada pulsión busca su propia satisfacción y que siempre es satisfacción parcial, y eso da cuenta de la fragmentación corporal. Ante la pregunta:

¿Quién se satisface en el circuito auto-erótico de la pulsión? La respuesta es: la pulsión. Entonces, es posible afirmar que “hay” cuerpo pero que no hay “un” cuerpo. Para la posibilidad de contar con “un” cuerpo, que siempre será ilusorio e imaginario en su unidad, según Freud, será necesario un nuevo acto psíquico: la constitución narcisística del yo.

En la obra “Introducción del Narcisismo” (1914) Freud planteó la articulación entre el cuerpo y el yo, para dar cuenta de un cuerpo propio sobre la base del autoerotismo de las pulsiones que siempre son parciales. Ese nuevo acto psíquico posibilita dar consistencia a un cuerpo y diferenciarse de otros.

Por otra parte, en “Más allá del principio de placer” (1920) Freud elaboró el concepto de pulsión de muerte que planteó que el dolor se instituye como modo de satisfacción. Posteriormente, en “El yo y el Ello” (1923) Freud tomó el concepto de Ello formulado en la segunda tópica del aparato psíquico. En el cap. 5 planteó que la pulsión es una mezcla o intrincación de vida y muerte. Desde mi punto de vista, el Ello freudiano implicó una conceptualización del cuerpo que posiblemente se acerque al que Lacan, muchos años más tarde, en el “Seminario 19”, de 1971, llamará Lalengua. Señalo esto en tanto considero posible afirmar que toda la obra freudiana está atravesada por dos dimensiones del inconsciente:

1°. El inconsciente como efecto de las formaciones del inconsciente: síntomas, sueños, lapsus, chistes y fallidos. Se trata de una dimensión del inconsciente articulado con el deseo (en tanto indestructible o motor del aparato psíquico) y el lenguaje en su dimensión de proceso primario: condensación y desplazamiento.

2°. La dimensión del inconsciente ligada al monto de afecto y pulsional (vinculado con el concepto de Ello) que implica un cuerpo que no responde ni a la anatomía ni las razones más sublime de la cultura, en otros términos, un cuerpo que tiene que ver con la intrusión y con el trauma de la lengua materna (Lalengua).

2.2.  Desarrollo desde Lacan: ¿Cómo piensa Lacan el cuerpo?

2.2.1.  El Seminario 10 de Lacan


En el Seminario 10, Lacan se dedicó a trabajar la noción de angustia y allí postuló que su único invento fue el “objeto a” a través del cual produjo una manera diferente de pensar el cuerpo. Desde mi perspectiva entiendo que no es casualidad que sea en el seminario sobre la angustia ya que si se retoma la noción de angustia en la obra freudiana resulta posible ubicar que tiene expresiones corporales tales como: diarrea, cefalea, mareos, parestesias, taquicardia, náuseas, hambre insaciable, perturbaciones en la respiración, oleadas de sudor, temblores, estremecimientos, vértigo y otros más. Por ello, para Freud la angustia quedaba ubicada en el cuerpo más que en la palabra. El cuerpo de la angustia no es el cuerpo de los síntomas o el de las inhibiciones.

2.2.2.  ¿Qué es el objeto a y qué incidencia tiene en la clínica?

El objeto a, si bien es efecto del significante, permanece excluido de lo simbólico, de lo imaginario y real. Es un objeto que está relacionado con los tres registros, pero no pertenece a ninguno. Las distintas formas de nombrar el objeto a: “seno”, “heces”, “voz” y “mirada” son formas de objetos parciales, que le permiten a Lacan pensar la clínica y el recorrido de un análisis. Estos objetos parciales son restos que al perderse causan al sujeto, en otras palabras, dan cuenta de que el sujeto se constituyó descontándose del campo del Otro.

Lacan pensó un sujeto que no es cuerpo pero que tiene que vérselas con un cuerpo que lo divide porque el cuerpo será siempre extraño al sujeto. El sujeto no es cuerpo pero tiene un cuerpo, y en cuanto tiene un cuerpo no hace uno con el sujeto. Este cuerpo es tomado por el goce intrusivo de la lengua materna. Por la operación de la metáfora paterna se produce un vaciamiento de goce, por lo tanto, se introduce un goce de la palabra o goce fálico (goce del hablar). A partir del goce de la palabra, el deseo y el goce se articulan en relación con los objetos parciales, siendo posible que se tornen objetos de plus de goce o en objeto causa del deseo.

Según Iuale (2018), Lacan en “Radiofonía” (1979) pensó un cuerpo imaginario, simbólico y real, anudados por el objeto a.

a.      Un cuerpo en lo real, como cuerpo del viviente, el cuerpo carne, ese resto que quedó sin ser tomado por lo simbólico: es lo que llamó objeto a.

b.     Un cuerpo simbólico en tanto que el significante mata la cosa introduce la muerte y la sexualidad; la sexualidad porta la muerte y se da el “cuerpo cadaverizado”. Lo simbólico tiene dos dimensiones: produce los agujeros pulsionales del cuerpo del viviente y lo fragmenta, no obstante, al mismo tiempo aporta el orden del discurso que lo unifica en tanto lo “cuenta-por-uno”.

c.      Cuerpo imaginario: ya que por estructura el cuerpo es extraño al sujeto, la imagen tiene una función unificadora y pacificadora, permite la consistencia de los tres registros y un cuerpo que queda ligado a un nombre propio, al reconocerse en un espejo y orientarse por el reconocimiento ante otros.

2.2.3.  Lo real de lalengua y lo simbólico del significante

En la primera parte de su enseñanza Lacan postuló un Otro que precedía lógicamente a la constitución del sujeto siendo su condición de posibilidad. A partir del Seminario 16 “De un Otro al otro” Lacan reformuló el estatuto del Otro volviéndolo simultáneo al sujeto. A partir de ese momento, lo que precede al sujeto y al Otro es el registro simbólico o lalengua. A partir de esto Lacan profundiza su trabaja con el otro (con minúscula) que se caracteriza por ser el que


porta la “voz” y la “mirada” como propio de la lengua materna. La constitución del Otro con mayúsculas será correlativa a la misma constitución del sujeto.

En la clase del 14 de mayo de 1969 Lacan diferenció tres conceptos: traza, signo y significante.

La traza quedó ubicada del lado de lo real de la escritura. El signo tiene necesidad de referente, o sea, es lo que representa algo para alguien, por lo tanto convoca a otro que produzca una interpretación. El significante es lo que representa al sujeto para otro significante, se sostiene en la alienación al Otro, entre un S1 y un S2.

El significante en lo real es la traza y es importante diferenciarlo del significante en su valor simbólico. En la traducción de Paidós no se usa traza sino huella entendiendo que ambos son sinónimos.

La traza se soporta en la voz en su dimensión pulsional, no requiere o necesita de nadie particular: “una traza es suficiente en sí misma” (Iuale, 2018). Para que el sujeto sea sujeto de un significante en la dimensión simbólica no alcanza con la traza (significante en lo real), sino que tiene que producirse la borradura de la traza. Solo por la borradura un significante va a representar un sujeto para otro significante. Esta borradura permite un significante, es decir, que la mirada devenga visión (vidente-visible) y que voz sea anáfora para dar lugar a la palabra y a la escucha. Entonces, se pierde la mirada, se pierde la voz. Bajo la pérdida de los objetos: voz, mirada, heces, seno, es posible que se inscriba un sujeto. Porque hubo borradura de la traza se producirá en lo simbólico el significante amo y el objeto a en lo real. Como dice Lacan: “Por la borradura de la traza se produce una división, un hiancia imposible de volver a cerrar entre significante amo y a” (Lacan, 1969, citado en Iuale, 2018, p. 74).

En la “Clase del 4 de noviembre del Seminario 19” (1971) Lacan elaboró el neologismo de lalengua, fundamental para su conceptualización de cuerpo. Podemos conceptualizar distintas lógicas de lo real. En principio, es posible diferenciar:

1)     Una conceptualización de lo real en relación a la incidencia traumática de lalengua,

2)     Otra conceptualización de lo real en tanto efecto del trabajo del Inconsciente: en el trabajo de cifrado de goce, hay algo que no puede ser cifrado o simbolizado.

En desarrollos anteriores al Seminario 19, Lacan planteó una prematurización biológica en el cuerpo del recién nacido ya que no nace completamente desarrollado. Para Lacan, esa situación biológica implicaba la desregulación y la fragmentación del cuerpo, una condición que, en parte, se mantiene toda la vida. La fragmentación del cuerpo se postulaba al inicio y quedaba ligada a la explicación por la biología. Por el contrario, a partir del Seminario 19, con el concepto de lalengua, Lacan se separa del fundamento biológico y piensa que al comienzo con el viviente está la unidad (unidad del viviente) y la fragmentación o desregulación es a consecuencia del traumatismo de lalengua.

Pensar lalengua es pensar el significante en su cara real, lalengua es el carácter real de lo simbólico, que conlleva una desregulación del cuerpo del viviente en tanto lo fragmenta, introduciendo un goce que lo va a parasitar porque le es ajeno. Lalengua toma al viviente sin pedirle permiso, es la lengua-materna, se le impone como puro sinsentido, una lengua desubjetivada que introduce el goce sin tener otra finalidad que ese mismo goce (insistencia). Lalengua es transmitida por los otros de los primeros cuidados que son quienes mediatizan los procesos de escritura de la traza, es lalengua la que implica esas trazas o retazos, un farfullar.


(“un enjambre zumbante de S1” dice Lacan). Se impone, es traumática, obscena, es como “fuimos hablados”. Efectos de esos equívocos es que se fragmenta y se desregulariza el viviente, generando una singularidad, es decir, no se comparte lalengua. Desregularizar es singularizar. Se comparte el discurso, pero no lalengua. Por eso, las trazas tienen dos efectos: uno es el efecto inconsciente (entrar al discurso) y el otro es el de la constitución de tener un cuerpo (un cuerpo propio que no se comparte). Una de las maneras de decir esto es “no hay relación sexual”, como lo expresó Lacan. De ahí también que se comprenda que la operación de lalengua sobre el cuerpo es su cadaverización como ya se indicó. Entonces, el goce es la relación desregulada (singular) que el ser parlante tiene con su cuerpo. En cambio, en las especies animales su constitución orgánica está regulada. El inconsciente estructurado como un lenguaje es cifrador de goce, es decir, construye metáforas, constituye bordes, le pone límites al goce y construye un deseo, una ley, un orden. Todo el trabajo del análisis consiste en hacer pasar el goce de lalengua por el cifrado del inconsciente. En síntesis, estos conceptos se vuelven operativos para una clínica psicoanalítica diferente.

3.  A modo de síntesis y reflexión final:

El encuentro con el autismo y la psicosis llevan al psicoanálisis a no retroceder y a ofrecer una conceptualización que permita hacer un abordaje ético de estas formas de padecimientos, contraponiéndose a miradas deficitarias desde una comparación con una supuesta “normalidad” impuesta por ideales de una época. En cada época hubo síntomas que expresaron una resistencia: la histeria de la época de finales del siglo XIX fue una forma de resistencia al Amo de ese momento: el saber positivista y el saber médico; la locura y la época del gran encierro que describe Michel Foucault coincide con el siglo de las luces, entre otros procesos. Si en la actualidad los casos de autismo han crecido considerablemente con respecto a otros momentos históricos: ¿qué expresan en la época? Mi hipótesis es que tal vez el autismo sea una manera de resistencia al saber hegemónico de nuestro tiempo que tiende a rechazar el saber inconsciente (por ejemplo, con el auge de la neurociencias, de las terapias cognitivas o comportamentales, entre otras formas de negación). El autismo implica un sujeto ético que viene a ser y a hacer obstáculo a esta época. Tanto el autismo como la psicosis infantil nos recuerdan que “el yo no es amo en su propia casa”, por lo tanto insiste en aquello que es negado por toda psicoeducación. En este sentido, es fundamental pensar el psicoanálisis con los síntomas de la época, por eso, en este caso, resta mucho que aprender del autismo y la psicosis infantil.

4.  Bibliografía

Freud,    S.    (1893-1895)    “Sobre    el              mecanismo             psíquico  de              fenómenos             histéricos” (Comunicaciones preliminares). En Obras completas (2011). Ed. Amorrortu.

Leibson, L. (2022) El cuerpo: esa máquina imperfecta. Ed. Letra Viva. Lacan, J. (1962) Seminario 10. Ed. Paidós.

Iaule, L. (2019) Detrás del espejo. Perturbaciones y uso del cuerpo en el autismo. Ed. Letra Viva.


El cuerpo desde Freud y Lacan

 “Lalengua y el cuerpo desde el psicoanálisis lacaniano”  Por: Lic. Ariel Juan Bianconi Índice: 1.      Introducción 2.      Desarrollo ...