“Lalengua y el cuerpo desde el psicoanálisis lacaniano”
Por: Lic. Ariel Juan Bianconi
Índice:
1.
Introducción
2.
Desarrollo
2.1. Antecedentes en
Freud: ¿Cómo piensa Freud el
cuerpo?
2.2. Desarrollo desde Lacan: ¿Cómo piensa
Lacan el cuerpo?
2.2.1.
Seminario 10 en Lacan
2.2.2. ¿Qué es el objeto a y qué incidencia
tiene en la clínica?
2.2.3.
Lo real de lalengua y lo simbólico del significante
3.
A
modo de síntesis
y reflexión final
4.
Bibliografía
1.
Introducción
Este escrito se propone pensar de
forma transversal el modo en que las conceptualizaciones sobre el cuerpo desde
la perspectiva psicoanalítica brindan la posibilidad de una clínica diferente a
la de la psicoeducación que suele responder a una patologización de los
fenómenos corporales.
El malestar humano surge por la pérdida de la naturaleza
que implica haber sido tomado por el lenguaje;
por eso, el ingreso en la cultura
tiene una doble
condición: por un lado, es por la cultura
como se procura calmar el malestar, pero a la vez
es lo que impide lograr una felicidad plena o un
goce total (perdido). El psicoanálisis no cura el malestar en la cultura, el
malestar es intrínseco al humano,
por eso expresiones cotidianas tales como “no hay existencia humana
sin malestar” o “el dolor de existir” son compatibles con la orientación
psicoanalítica y no son patologizables. El humano no solo sufre por su condición
intrínseca, sino que además se procura
sufrimiento extra, expresado en los síntomas en el más amplio sentido de la
palabra. Ya antes de 1900 el trabajo de investigación de Freud se inició con la preocupación sobre cómo aliviar
y curar los síntomas histéricos y de la neurosis obsesiva, que junto con
la fobia son las manifestaciones de la neurosis. Llama neurosis al conjunto de malestar sintomático que responde a una
determinada manera de hacer con el malestar en la cultura o el dolor de
existir. La particularidad que tiene la neurosis es que intenta solucionar el
malestar en la cultura haciéndose un malestar
propio, o sea, constituyendo un plus de sufrimiento. Entonces,
el trabajo
de la cura en el psicoanálisis apuntará
a menguar el plus de malestar que los sujetos
se procuran para vivir en su
tiempo.
En ese sentido,
el psicoanálisis rechaza
plantear los síntomas
como un déficit
y esto lo diferencia de
otras maneras de abordar la clínica en el campo de la salud mental. El
psicoanálisis piensa un sujeto ahí donde otras teorías
plantean un déficit o trastornos, y mantiene una posición
ética ante el dolor y sufrimiento. Mantener una posición
ética significa que no victimiza a nadie, sino que le otorga dignidad al sujeto al
reconocer la construcción propia que porta, sin exigir o comparar con algún
supuesto ideal de normalidad
a alcanzar. Esto tiene impacto
en el modo de entender la
salud para el psicoanálisis: por un lado, no puede entenderse como ausencia de
malestar ya que eso es algo imposible para el humano; por otro, la salud a
través del cura psicoanalítica apuntará a trabajar con la posición de sujeto en
un acto de palabra, es decir, a abordar ese plus de malestar
sintomático con el que se puede hacer
y “hay que saber hacer”
para elaborar una manera de existir propia que sea menos sufriente
permitiéndole al sujeto una posición menos pasiva y masoquista.
Durante el seminario se abordó principalmente el enfoque
del psicoanálisis para entender el fenómeno del autismo y las psicosis
infantiles. El psicoanálisis piensa de un modo singular la forma de hacer con
el trauma de lalengua propio de cada
niña/o. Sin embargo, dado que mi campo de trabajo
clínico no se especializa en esto, priorizaré la pregunta inversa:
¿Qué aportan las conceptualizaciones sobre el autismo y la psicosis
infantil a la clínica de la neurosis en psicoanálisis (y demás formulaciones
clínicas)? En ese sentido, se apuntará a mostrar que las conceptualizaciones
sobre el autismo y la psicosis
infantil le aportan a la clínica psicoanalítica una manera de pensar el cuerpo
que permite trabajar con la dimensión de lo real del goce intrusivo de lalengua. Los siguientes apartados
desarrollarán en mayor profundidad esta hipótesis lacaniana que estructuró el
curso.
2. Desarrollo
2.1. Antecedentes en
Freud: ¿Cómo piensa Freud el cuerpo?
El psicoanálisis ha nacido precisamente en la cultura a
partir de plantear una nueva conceptualización
del cuerpo. Freud pensó el cuerpo principalmente en relación con la histeria: es un cuerpo construido por
representaciones unidas a afectos, un cuerpo que se diferencia del discurso de
la biología y de la medicina.
La noción
moderna de representación se apoyó en la posibilidad de objetivar
el cuerpo a través
del cálculo y de la medición y esto introdujo
una noción de cuerpo representado que, a diferencia del periodo filosófico
anterior, asumió que no hay un acceso directo al cuerpo “en sí” o a la Cosa. Freud
tomó el concepto
de la filosofía para realizar una ruptura conceptual con el cuerpo de la naturaleza y la posición
epistemológica del realismo ingenuo que suponía la posibilidad de un vínculo
directo. La novedad freudiana fue que estas representaciones, a diferencia de
las objetivaciones de la filosofía, estaban
cargadas de afectos
(sentimientos, emociones y pasiones).
El cuerpo de la histeria, al igual que cualquier otro cuerpo de la neurosis, anuda representaciones
y afectos. Lo particular de la histeria es que se produce una separación entre representaciones
y afectos: por acción de un mecanismo psíquico de defensa, que Freud llamó
represión, las representaciones son reprimidas y el afecto se muda a una parte
del cuerpo produciendo los síntomas conversivos; parálisis, cegueras, sorderas, temblores, olores, mutismo, tartamudez, etc. Esto mostró a Freud que las conversiones en la histeria
no tenían que ver con los síntomas
tal
como los pensaba la biología o la medicina de la época, por
ejemplo, en brazos o piernas, sino que los síntomas involucraban cómo los
sujetos se representaban “ese brazo” o “esa pierna”, teniendo en cuenta además
que la mayoría de los pacientes no
tenían formación en medicina, entonces las parálisis alcanzaban el cuerpo de
las significaciones del sentido cotidiano: “Toma
los órganos en el sentido vulgar, popular del nombre que llevan. La pierna es
la pierna hasta la inserción de la cadera; el brazo es la extremidad superior
tal como se dibuja bajo los vestidos” (Freud, 2011, p. 205).
Por otra parte, el escrito “Tres ensayos para una teoría
sexual” constituye otro momento importante en la conceptualización del cuerpo
por parte de Freud. Allí introdujo un concepto nuevo que es el de Pulsión
(Trieb) por el cual el cuerpo quedaba
fragmentado en zonas erógenas
oral, anal, mirada y crueldad.
Freud ubicó a la pulsión
como un concepto límite entre
lo psíquico y lo somático,
pero lo más novedoso fue que lo presentó en tanto cuerpo fragmentado. En
“Pulsiones y su destino” (1915)
Freud planteó que las pulsiones
son acéfalas, o sea, que no están ordenadas en una unidad lo que
implica que cada pulsión busca su propia satisfacción y que siempre es satisfacción
parcial, y eso da cuenta
de la fragmentación corporal. Ante la
pregunta:
¿Quién se satisface en el circuito auto-erótico de la
pulsión? La respuesta es: la pulsión. Entonces, es posible afirmar
que “hay” cuerpo pero que no hay “un” cuerpo.
Para la posibilidad de contar con “un” cuerpo, que
siempre será ilusorio e imaginario en su unidad, según Freud, será necesario un
nuevo acto psíquico: la constitución narcisística del yo.
En la obra “Introducción del Narcisismo” (1914)
Freud planteó la articulación entre el cuerpo y el yo, para dar cuenta de un cuerpo propio sobre la base del
autoerotismo de las pulsiones que siempre son parciales. Ese nuevo acto
psíquico posibilita dar consistencia a un cuerpo y diferenciarse de otros.
Por otra parte,
en “Más allá del principio
de placer” (1920)
Freud elaboró el concepto de pulsión
de muerte que planteó que el dolor se
instituye como modo de satisfacción.
Posteriormente, en “El yo y el Ello” (1923) Freud tomó el concepto de Ello
formulado en la segunda tópica del aparato psíquico. En el cap. 5 planteó que
la pulsión es una mezcla o intrincación de vida y muerte. Desde mi punto de
vista, el Ello freudiano implicó una conceptualización del cuerpo que
posiblemente se acerque al que Lacan, muchos años más tarde, en el “Seminario
19”, de 1971, llamará Lalengua.
Señalo esto en tanto considero posible afirmar que toda la obra freudiana está
atravesada por dos dimensiones del inconsciente:
1°. El inconsciente como efecto de las formaciones del
inconsciente: síntomas, sueños, lapsus, chistes y fallidos. Se trata de una
dimensión del inconsciente articulado con el deseo (en tanto indestructible o motor del aparato psíquico) y el lenguaje en su dimensión de proceso primario: condensación y desplazamiento.
2°. La dimensión del inconsciente ligada al monto de afecto
y pulsional (vinculado con el concepto de Ello) que implica un cuerpo que no
responde ni a la anatomía ni las razones más sublime de la cultura, en otros
términos, un cuerpo que tiene que ver con la intrusión y con el trauma de la
lengua materna (Lalengua).
2.2. Desarrollo desde Lacan: ¿Cómo piensa
Lacan el cuerpo?
2.2.1.
El Seminario
10 de Lacan
En el Seminario 10, Lacan se dedicó a trabajar la noción de angustia
y allí postuló que su único
invento fue el “objeto a” a través
del cual produjo una manera diferente de pensar el cuerpo. Desde mi perspectiva
entiendo que no es casualidad que sea en el seminario sobre la angustia ya que
si se retoma la noción de angustia en la obra freudiana resulta posible ubicar
que tiene expresiones corporales tales como: diarrea, cefalea, mareos,
parestesias, taquicardia, náuseas, hambre insaciable, perturbaciones en la
respiración, oleadas de sudor, temblores, estremecimientos, vértigo y otros
más. Por ello, para Freud la angustia quedaba ubicada en el cuerpo más que en
la palabra. El cuerpo de la angustia no es el cuerpo de los síntomas o el de
las inhibiciones.
2.2.2. ¿Qué es el objeto a y qué incidencia tiene en la clínica?
El objeto a, si bien es efecto del significante, permanece
excluido de lo simbólico, de lo imaginario y real. Es un objeto que está
relacionado con los tres registros, pero no pertenece a ninguno. Las distintas
formas de nombrar el objeto a: “seno”, “heces”, “voz” y “mirada” son formas de
objetos parciales, que le permiten a Lacan pensar la clínica y el recorrido de
un análisis. Estos objetos parciales son restos que al perderse causan al
sujeto, en otras palabras, dan cuenta de que el sujeto se constituyó descontándose
del campo del Otro.
Lacan pensó un sujeto que no es cuerpo pero que tiene
que vérselas con un cuerpo
que lo divide porque el cuerpo será siempre extraño al sujeto. El
sujeto no es cuerpo pero tiene un
cuerpo, y en cuanto tiene un
cuerpo no hace uno con el sujeto.
Este cuerpo es tomado por el goce intrusivo
de la lengua materna. Por la operación de la metáfora paterna se produce un
vaciamiento de goce, por lo tanto, se introduce un goce de la palabra o goce
fálico (goce del hablar). A partir del goce de la palabra,
el deseo y el goce se articulan en relación con los objetos
parciales, siendo posible que
se tornen objetos de plus de goce o en objeto causa del deseo.
Según Iuale (2018), Lacan en “Radiofonía” (1979) pensó un
cuerpo imaginario, simbólico y real, anudados por el objeto a.
a.
Un
cuerpo en lo real, como cuerpo del viviente, el cuerpo carne,
ese resto que quedó sin ser tomado por lo simbólico: es lo que
llamó objeto a.
b.
Un cuerpo simbólico en tanto que el
significante mata la cosa introduce la muerte y la sexualidad; la sexualidad porta la muerte
y se da el “cuerpo
cadaverizado”. Lo simbólico tiene dos dimensiones: produce
los agujeros pulsionales del cuerpo del viviente y lo fragmenta, no obstante,
al mismo tiempo aporta el orden del discurso que lo unifica en tanto lo
“cuenta-por-uno”.
c.
Cuerpo imaginario: ya que por estructura el cuerpo
es extraño al sujeto, la imagen tiene una función
unificadora y pacificadora, permite la consistencia de los tres registros
y un cuerpo que queda ligado a un
nombre propio, al reconocerse en un espejo y orientarse por el reconocimiento
ante otros.
2.2.3. Lo real de lalengua y lo simbólico del significante
En la primera parte de su enseñanza Lacan postuló un Otro
que precedía lógicamente a la constitución del sujeto siendo su condición de
posibilidad. A partir del Seminario 16 “De un Otro al otro” Lacan reformuló el estatuto del Otro volviéndolo simultáneo al sujeto.
A partir de ese
momento, lo que precede al
sujeto y al Otro es el registro simbólico o lalengua. A partir
de esto Lacan profundiza
su trabaja con el otro (con minúscula)
que se caracteriza por ser el que
porta la “voz” y la “mirada” como propio de la lengua
materna. La constitución del Otro con mayúsculas será correlativa a la misma
constitución del sujeto.
En la clase del 14 de mayo de 1969 Lacan
diferenció tres conceptos: traza, signo
y significante.
La traza quedó ubicada del lado de lo
real de la escritura. El signo tiene necesidad de referente, o sea, es lo que representa algo para alguien,
por lo tanto convoca a otro que produzca
una interpretación. El significante es lo que representa al
sujeto para otro significante, se sostiene en la alienación al Otro, entre un
S1 y un S2.
El significante en lo real es
la traza y es importante
diferenciarlo del significante en su
valor simbólico. En la traducción de Paidós no se usa traza sino huella entendiendo
que ambos son sinónimos.
La traza se soporta en la voz en su dimensión pulsional, no
requiere o necesita de nadie particular: “una traza es suficiente en sí misma”
(Iuale, 2018). Para que el sujeto sea sujeto de un significante en la dimensión
simbólica no alcanza con la traza (significante en lo real), sino que tiene que
producirse la borradura de la traza.
Solo por la borradura un significante va a representar un sujeto para otro significante. Esta borradura permite
un significante, es decir, que la
mirada devenga visión
(vidente-visible) y que voz sea anáfora para dar lugar
a la palabra y a la
escucha. Entonces, se pierde la mirada, se pierde la voz. Bajo la pérdida de
los objetos: voz, mirada, heces, seno, es posible que se inscriba un sujeto.
Porque hubo borradura de la traza se producirá
en lo simbólico el significante amo y el objeto a en lo real. Como dice Lacan: “Por la
borradura de la traza se produce una división, un hiancia imposible de volver a
cerrar entre significante amo y a” (Lacan, 1969, citado en Iuale, 2018, p. 74).
En la “Clase del 4 de noviembre del Seminario 19” (1971)
Lacan elaboró el neologismo de lalengua,
fundamental para su conceptualización de cuerpo. Podemos conceptualizar
distintas lógicas de lo real. En principio, es posible diferenciar:
1)
Una conceptualización
de lo real en relación a la incidencia traumática de lalengua,
2) Otra conceptualización de lo real en tanto efecto del trabajo del Inconsciente: en el
trabajo de cifrado de goce, hay algo que no puede ser cifrado o simbolizado.
En desarrollos anteriores al Seminario
19, Lacan planteó una prematurización biológica en el cuerpo del recién nacido
ya que no nace completamente desarrollado. Para Lacan, esa situación biológica
implicaba la desregulación y la fragmentación del cuerpo, una condición que, en
parte, se mantiene toda la vida. La fragmentación del cuerpo se postulaba al
inicio y quedaba ligada a la explicación por la biología. Por el contrario, a
partir del Seminario 19, con el concepto de lalengua,
Lacan se separa del fundamento biológico y piensa que al comienzo con el
viviente está la unidad (unidad del viviente) y la fragmentación o
desregulación es a consecuencia del traumatismo de lalengua.
Pensar lalengua es pensar el significante en su cara real, lalengua es el carácter real de lo
simbólico, que conlleva una desregulación del cuerpo del viviente en tanto lo
fragmenta, introduciendo un goce que lo va a parasitar porque le es ajeno. Lalengua toma al viviente sin pedirle
permiso, es la lengua-materna, se le impone como puro sinsentido, una lengua desubjetivada que introduce el
goce sin tener otra finalidad que ese mismo goce (insistencia). Lalengua es transmitida por los otros
de los primeros cuidados que son
quienes mediatizan los procesos de escritura
de la traza, es lalengua la que implica esas trazas o retazos,
un farfullar.
(“un enjambre zumbante de S1” dice Lacan). Se impone, es
traumática, obscena, es como “fuimos hablados”. Efectos
de esos equívocos
es que se fragmenta y se desregulariza el viviente, generando
una singularidad, es decir, no se
comparte lalengua. Desregularizar es
singularizar. Se comparte el discurso, pero no lalengua. Por
eso, las trazas tienen dos efectos: uno es el efecto
inconsciente (entrar al discurso)
y el otro es el de la constitución de tener un cuerpo
(un cuerpo propio que no se comparte). Una de las maneras de decir esto es “no hay relación
sexual”, como lo expresó
Lacan. De ahí también que se comprenda que la operación de lalengua sobre
el cuerpo es su cadaverización como ya se indicó. Entonces, el goce es la relación
desregulada (singular) que el
ser parlante tiene con su cuerpo. En cambio, en las especies animales su
constitución orgánica está regulada. El inconsciente estructurado como un
lenguaje es cifrador de goce, es
decir, construye metáforas, constituye bordes, le pone límites
al goce y construye un deseo, una ley, un orden. Todo el trabajo del
análisis consiste en hacer pasar el goce de lalengua
por el cifrado del inconsciente.
En síntesis, estos conceptos se vuelven operativos para una clínica
psicoanalítica diferente.
3. A modo de síntesis
y reflexión final:
El encuentro con
el autismo y la psicosis llevan al psicoanálisis a no
retroceder y a ofrecer una conceptualización que permita hacer
un abordaje ético de estas formas de
padecimientos, contraponiéndose a miradas
deficitarias desde una comparación con una supuesta
“normalidad” impuesta por ideales
de una época. En cada época hubo síntomas que expresaron una resistencia:
la histeria de la época de finales del siglo XIX fue una forma de resistencia
al Amo de ese momento: el saber positivista y el saber médico; la locura y la
época del gran encierro que describe Michel Foucault coincide con el siglo de
las luces, entre otros procesos. Si en la actualidad los casos de autismo han
crecido considerablemente con respecto a otros momentos históricos: ¿qué expresan en la época?
Mi hipótesis es que tal vez el autismo sea una manera de
resistencia al saber hegemónico de nuestro tiempo que tiende a rechazar el
saber inconsciente (por ejemplo, con el auge de la neurociencias, de las
terapias cognitivas o comportamentales, entre otras formas de negación). El
autismo implica un sujeto ético que
viene a ser y a hacer obstáculo a
esta época. Tanto el autismo como la psicosis infantil nos recuerdan que “el yo
no es amo en su propia
casa”, por lo tanto insiste
en aquello que es negado
por toda psicoeducación. En este sentido, es fundamental pensar
el psicoanálisis con los síntomas
de la época, por eso, en
este caso, resta mucho que aprender del autismo y la psicosis infantil.
4. Bibliografía
Freud, S. (1893-1895) “Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos”
(Comunicaciones preliminares). En Obras
completas (2011). Ed. Amorrortu.
Leibson, L. (2022) El cuerpo:
esa máquina imperfecta. Ed. Letra Viva. Lacan, J. (1962) Seminario 10. Ed. Paidós.
Iaule, L. (2019) Detrás del espejo. Perturbaciones y uso del cuerpo en el autismo.
Ed. Letra Viva.
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